Trabajo Decente: Condición Necesaria
para el Desarrollo
Una de las hipótesis fundamentales de nuestro programa, Trabajo Decente y Comercio, es que el crecimiento económico —generado por el comercio o no— promoverá el desarrollo económico si y sólo si ese crecimiento es acompañado por un incremento en el empleo de mano de obra bajo condiciones de trabajo decente. Pero, ¿qué quiere decir trabajo decente?
El concepto y la medición del trabajo decente
El concepto de “trabajo decente” fue acuñado —en los términos que hoy conocemos— por Juan Somavía, el Director General de la OIT, en su Informe para la Conferencia Internacional del Trabajo de 1999. La frase “trabajo decente” trata de transmitir los amplios y variados conceptos asociados hoy en día al trabajo y los recoge en una expresión que cualquiera puede comprender. ¿Qué comprende la noción de trabajo decente? Según el Informe mencionado, esta noción tiene cuatro componentes o dimensiones: empleo, protección social, derechos laborales y diálogo social. Cada uno de esos componentes es relacionado con una serie de indicadores que permiten medir la brecha de trabajo decente existente. El hecho de que se trata de un concepto mensurable, aplicable a la realidad inmediata, crea la posibilidad de hablar de la existencia de una brecha de trabajo decente.
Para la primera dimensión, el empleo, los indicadores están relacionados a temas como oportunidades de empleo (es decir, niveles de empleo y desempleo existentes en el país o región), los niveles de remuneración que proveen dichos empleos (que implica los niveles de pobreza, cuando dicha remuneración representa menos de US$2 por día y la definida como extrema en el caso de menos de US$1 por día) y las condiciones de trabajo. Aunque en este último caso se pueden incluir temas como la jornada laboral, el trabajo nocturno, el descanso semanal y las vacaciones pagadas, con frecuencia sólo se incluye la salud y seguridad en el trabajo.
En el caso de la segunda dimensión del Trabajo Decente, la protección social, se trata de evaluar los niveles de protección de los trabajadores en caso de contingencias como desempleo, enfermedad, maternidad, discapacidad, así como la eventual jubilación.
Al respecto de la tercera dimensión, la de los derechos laborales, ésta está enfocada en el trabajo forzoso, el trabajo infantil bajo condiciones de abuso, la discriminación en el trabajo (por razones de raza, color, sexo, religión, opinión política, nacionalidad u origen social) y, por último, la libertad de asociación.
La cuarta y última dimensión del trabajo decente es la del Diálogo Social. Éste se puede dar a tres niveles: entre empleados y empleadores en relación a términos y las condiciones de trabajo, entre la gerencia y los trabajadores acerca del funcionamiento de una empresa y por último, entre los actores de la sociedad civil organizada y las autoridades del gobierno acerca de las políticas económicas y sociales. Debemos señalar que el primer nivel de diálogo, aunque parece restrictivo a la negociación colectiva entre las organizaciones sindicales y las de empleadores, abarca otros ámbitos también. Los términos y condiciones de empleo son relevantes en otras relaciones, como es el caso de las asociaciones de inquilinos y de propietarios acerca los alquileres; las asociaciones de pequeños productores agrícolas con los mayoristas acerca del precio de sus productos o con los bancos acerca de las condiciones de crédito; las organizaciones de autoempleados con sus proveedores, o los trabajadores del sector informal con sus empleadores. En este sentido más amplio, resulta particularmente útil para los países en desarrollo.
Dimensiones del Trabajo Decente y sus Indicadores
Fuente: Ghai, 2003.
Elaboración: Propia. |
Haga clic en la imagen
para ampliar |
Diálogo Social
El diálogo social como medio y como fin en sí mismo ...
Según lo define la OIT, el diálogo social comprende todo tipo de negociaciones y consultas - e incluso el mero intercambio de información - entre representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales. La definición y el concepto de diálogo social varían en función del país o de la región de que se trate y no tienen todavía una formulación definitiva.
¿Cuáles son las condiciones que hacen posible el diálogo social?
Las condiciones que permiten el diálogo social son las siguientes:
- La existencia de organizaciones de trabajadores y de empleadores sólidas e independientes, con la capacidad técnica y el acceso a la información necesarios.
- La voluntad política y el compromiso de todas las partes interesadas.
- El respeto de la libertad sindical y la negociación colectiva.
- Un apoyo institucional adecuado.
Fuente:OIT, Departamento de Diálogo Social, Legislación y Administración del Trabajo. |
El caso de los derechos laborales
Si bien todos los aspectos del Trabajo Decente son una preocupación permanente para PLADES, el caso de los derechos laborales ha sido particularmente privilegiado en varios proyectos realizados por nuestra institución, sobre todo en el caso de la empresas transnacionales presentes en el área andina. Veamos el caso de estos con un mayor nivel de detalle.
Hay una serie de indicadores que han sido sugeridos para la evaluación del cumplimiento en cuanto a asuntos de libertad de asociación. Entre ellos, parece adecuado diferenciar entre dos tipos de indicadores: aquellos que miden la libertad de asociación directamente y aquellos que dependen de los resultados o productos de esa libertad.
Entre los primeros tenemos tres indicadores: El primero, de naturaleza más bien formal, se basa en la cantidad de Convenciones fundamentales de OIT que el país ha suscrito (específicamente las No. 87, 98, 142 y 153); sin embargo, la suscripción, como sabemos no asegura su cumplimiento cabal. Un segundo indicador, bastante más relacionado con la realidad, se basa en criterios de libertad de asociación provistos por una serie de fuentes: el Informe Anual de Violaciones de Derechos Sindicales editado por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), el Comité de Libertad de Asociación de la OIT, los Informes por País sobre Prácticas de los Derechos Humanos, editados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. El tercer indicador es un índice de derechos civiles, (como los que preparan una serie de instituciones entre las que destaca Freedom House, www.freedomhouse.org) que si bien va más allá del derecho de asociación, sirve como marco general para el cumplimiento de este tipo de derechos. En nuestro país, lo más parecido a esto es el trabajo que algunas ONGs realizan en el tema de los llamados DESC, derechos económicos, sociales y culturales.
El segundo grupo está basado en los resultados de contar con libertad de asociación, como es el porcentaje de trabajadores sindicalizados o pertenecientes a organizaciones relacionadas a temas laborales. En los países desarrollados, este indicador es el llamado de “densidad sindical“, la proporción de trabajadores empleados afiliados a un sindicato; pero en países como los nuestros, dada la presencia de factores como la importancia del sector informal en la economía, la gran cantidad de pequeños productores agrícolas, el alto número de auto-empleados trabajadores familiares y trabajadoras domésticas, convierte a esa tasa en un indicador mucho menos relevante. En tanto su voz e influencia en la sociedad son menores que los de los trabajadores organizados, su necesidad de organización, representación y negociación propias son mayores, así como la promoción de actividades conjuntas entre ambos grupos.
El trabajo decente como herramienta redistributiva
El Perú, según la CEPAL, entre los años 2000 y 2005 experimentó un crecimiento del 26.3% en su PIB. Las exportaciones se han duplicado. Sin embargo, durante todo el gobierno de Alejandro Toledo en la opinión pública se mantuvo la percepción de que no había mejoras para la mayoría de la población. Las altas tasas de crecimiento a un nivel macro (el PIB, las exportaciones) o meso (la producción de espárragos de Ica o las alcachofas de Junín) no se han visto reflejadas en bienestar para la población.
Se trata del llamado trickle down effect, o efecto de goteo. En el Perú, alguien lo empezó a llamar “chorreo“ y es así como se le ha denominado en los medios de comunicación.
El Crecimiento del PIB del Perú, los demás países del Grupo Andino y América Latina y El Caribe, 1999-2005
(Índice 1999=100.0)
Fuente: CEPAL, 2006.
Elaboración: Propia. |
Haga clic en la imagen
para ampliar |
Poniéndola de una manera esquemática, las discusiones sobre el desarrollo durante décadas se mantenían en los dos extremos: por un lado, quienes arguían que lo requerido para el desarrollo era el crecimiento sostenido; por el otro, los que planteaban más bien políticas redistributivas. En los albores del s.XXI, parece que hay cierto nivel de consenso: si bien el crecimiento económico es una condición necesaria, no es suficiente. Para que ese crecimiento llegue a la mayor parte de la población, es indispensable que se actúe por medio de políticas económicas redistributivas, de manera directa o indirecta. Una de las maneras de lograr que, por ejemplo, el crecimiento de los sectores más dinámicos —como la agricultura de exportación— se refleje entre un sector más amplio, es hacer que dicho crecimiento llegue a los propios trabajadores.
En general, se supone que el mayor crecimiento, si no ha habido una tasa de crecimiento más alta que las de inversión y de empleo, éste es explicado por un aumento en la productividad del trabajo. Uno de los retos que tiene el movimiento sindical por delante es lograr que se vinculen las remuneraciones con la productividad, asegurando así que las mejores condiciones del sector se trasladen a los trabajadores. Pero esto no quiere decir que sólo los trabajadores sindicalizados lograrían verse beneficiados: si esto se logra hacer extensivo a sectores como el informal urbano, o las MiPyMes que no cuentan con organizaciones sindicales, el beneficio será de carácter muy amplio.
Así, para que el crecimiento económico se de con un aumento del empleo bajo condiciones de trabajo decente, debe asegurarse un nivel de ingresos apropiado a los trabajadores, condiciones de trabajo adecuadas, respeto a los derechos laborales y condiciones que permitan la existencia de organizaciones sindicales, asegurando así el diálogo de éstas con los empresarios y con las instancias gubernamentales y posibilitando el diálogo social. Esta puede ser una manera de iniciar un círculo virtuoso de crecimiento y bienestar que lleve a mejores niveles de vida para nuestra población.
Proyecto de Investigación en Ica Y Trujillo
Como parte de las actividades del Programa de Trabajo Decente y Comercio de PLADES, hemos realizando una investigación entre las trabajadoras de la agricultura de exportación en la Región Ica y Regiòn La Libertad-
Esta región, al sur de Lima, es empleada como ejemplo del éxito de las políticas comerciales, pues sus niveles de producción y exportaciones de productos agrícolas están alcanzando cifras nunca antes vistas, demandando cada vez más mano de obra; al parecer —y de acuerdo a lo observado en otros países en situaciones similares, como Chile y Colombia— se trata principalmente de la incorporación de fuerza de trabajo femenina. Más de un ministro de la administración Toledo hizo referencia a Ica como “la región del pleno empleo”.
Muchas mujeres han pasado entonces, de otras actividades como el comercio informal o el trabajo doméstico, a ser trabajadoras agrícolas, con mejores ingresos. Pero las condiciones de trabajo distan de ser mínimamente adecuadas: las jornadas largas, los ingresos bajos, sin instalaciones mínimas para su alimentación o atender otras necesidades. Pese a la existencia de normas al respecto, no se instalan guarderías para los hijos de estas trabajadoras.
Pasar a ser empleadas en la agricultura de exportación ha representado para estas mujeres, sin duda, una mejora en sus niveles de ingresos y por lo tanto, un paso adelante en alejarlas de la pobreza extrema. Pero, en términos de bienestar subjetivo ¿se encuentran mejor? ¿sienten que su vida ha mejorado? Utilizando como marco conceptual las modernas teorías del bienestar —la llamada “economía de la felicidad”, la Escuela de Leiden— PLADES está realizando una encuesta entre estas trabajadoras para evaluar las condiciones de bienestar en las cuales se encuentran actualmente.
La hipótesis de trabajo que tenemos es la siguiente: el crecimiento macro y meso observado en Ica no se convertido en una mejora en el bienestar de los trabajadores directamente relacionados con la actividad productiva estrella. Es decir, no ha habido “goteo” (el fenómeno que en inglés se llama trickle down). ¿Por qué el crecimiento de Ica, ejemplar para otras regiones del país, no se traducido en mejoras para la población? Debido a que los empleos creados no lo han sido bajo condiciones de trabajo decente. Si los nuevos empleos contaran con los elementos asociados a este concepto, el efecto de bienestar sería percibido. Es decir, planteamos que el trabajo decente activa el mecanismo de transmisión de los beneficios del crecimiento hacia los trabajadores. Es, así, una condición sine qua non para que el crecimiento se convierta en desarrollo.
|
Referencias
CEPAL
2006 Estudio Económico de América Latina y el Caribe. División de Desarrollo Económico, México.
FREEDOM HOUSE
2005 Annual Survey of Political Rights and Civil Liberties.
GHAI, Dharam
2003 “Decent work : Concept and indicators“. En: International Labour Review, Vol. 142, No. 2, pp. 113-145.
SOMAVIA, Juan
1999 Memoria del Director General: Trabajo Decente. Conferencia Internacional del Trabajo. 87ª Reunión, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, Junio.
VAN PRAAG, Bernard y Paul FRIJTERS
1998 The measurement of welfare and well-being. The Leyden Approach. Amsterdam University, Amsterdam.
Agradecemos a Konrad Valladares por desarrollo de esta nota |